miércoles, 26 de agosto de 2009

Trata de Personas: Desaparición y esclavitud

La desaparición de personas repunta del País; alertan sobre la naturalización de la explotación humana entre autoridades y ciudadanía

Por Daniel de la Fuente

Ciudad de México (26 agosto 2009).- El 18 de noviembre de 1994 una mujer llegó a casa de María Elena Solís, en el DF, a pedir trabajo de sirvienta.

Un día después, esta persona se llevó a la nieta de María Elena, en ese tiempo de 2 años de edad
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La mujer, hoy de más de 65 años, entonces vendedora de manteles por la mañana y de quesadillas en un puesto por la tarde, narra la traumática experiencia.

"Cuando nos dimos cuenta de que la mujer no estaba, pedimos apoyo a patrullas. Pensamos que iban a pedirnos fotos de la niña, pero nos canalizaron a una delegación y luego a otra y a otra.

"Estuvimos sentados horas, pensando que en todo ese tiempo la mujer tenía oportunidad de enviar a la niña al extranjero".

María Elena dice que, tras poner la denuncia, comenzó a pegar volantes con la imagen de la pequeña y a pedir ayuda a los medios de comunicación.

"Entonces sucedió que el 22 de diciembre de ese año se robaron a un niño de 8 meses. Nosotros no lo relacionamos, pero el 4 de enero se robaron a una niña más, de 4 años, en Tláhuac".

María Elena acudió con la familia de esta última niña y se enteró de que ambos menores habían sido robados de la misma forma, por lo que ambas familias empezaron a volantear juntas.

Hasta que alguien les dijo que en un pueblo cercano "vendían niños".

Los padres de la pequeña de Tláhuac llegaron a ese lugar atroz y le hicieron creer a quienes lo conducían que querían comprar a un niño y fue cuando ambos descubrieron a su hija.

"El señor agarró a la mujer que se encargaba de la venta y la señora tomó a su hija, se subieron todos al carro y se fueron con el ministerio público.

"Yo llegué allí y fue cuando me enteré de que mi nieta sí había estado allí, pero ya había sido vendida a una pareja".

Tras muchas pesquisas, largas y angustiosas, el 9 de enero María Elena se reencontró con su nieta. Habían pasado 51 días.

A partir de allí, la vida de esta comerciante cambió para siempre porque debía cumplir la promesa que le había hecho a Dios en ausencia de la niña: "Si la encuentro, si me la devuelven, ayudaré a otras personas como yo".

"Así empecé. Lo primero que hice fue trabajar el caso de dos niñas robadas en Tultitlán, una de 10 años, otra de 13, y era tanta mi devoción hacia el caso (que nunca quedó solucionado) que me iba de casa en casa buscándolas.

"Llegó un momento en que mis hijos decían: 'Mamá, aquí está tu nieta, ya la encontramos'. Yo creo que en estos casos como que se pierde un poco la razón".

María Elena persistió. Al tiempo, le dio nombre y apellido a su esfuerzo: Asociación Mexicana de Niños Robados y Desaparecidos, entidad realmente seria que, desde los 90, ha recuperado a más de 500 menores.

María Elena explica que, en promedio, del total de casos que tienen el 50 por ciento corresponde a sustracción de menores por algún familiar; el 20 por ciento son por robos y el 30 por ciento equivale a la ambigua definición de desaparición, sea de menores, personas adultas o discapacitados.

Ella calcula miles de desapariciones. Habla hasta de 500 mil y, buena parte, víctimas de trata.

"Normalmente se nos complican las cosas porque las legislaciones estatales son distintas y es todo un protocolo que un estado le pida ayuda a otro para investigar sobre robos de niños", cuenta.

"Incluso con las autoridades federales nos hemos topado con obstáculos, porque tampoco las leyes y las acciones están homologadas en los distintos países".

María Elena describe un caso: una vez en un programa de televisión transmitieron numerosas fotografías de menores desaparecidos, entre ellas las de las dos niñas mencionados anteriormente: Ana Lilia Burgos y Yazmín Monserrat Herrera Corona.

"La primera se comunicó con nosotros, mandó fotos. 'Es mi hija', dijo la mamá. Escribió que estaba en una red en Buenos Aires, que nos hablaba desde un cibercafé, escondiéndose, porque si la descubrían le podría pasar algo".

Fueron a la SIEDO y le escribieron al Procurador para decirle que pidiera la repatriación, pero fue en vano. Lo peor fue que la niña dejó de escribir.

No volvieron a saber de ella.

"Ya son muchos años y nadie hizo nada", lamenta. "Hoy tiene más de 25 años... si está viva".

De otros niños cuenta destinos igual de atroces: asesinados por sus captores, usados para pasar drogas o entretener sexualmente a desalmados para luego terminar sin vida al lado de carreteras, campos baldíos.

Peor aun cuando, sin identidad, las víctimas son tomadas por la delincuencia, pues parte de los niños desaparecidos no están registrados.

"Cuántas niñas y niños son sacrificados y no volvemos a saber de ellos porque se los llevan a la fosa común. ¡Cuántos!".

Por esto, María Elena recomienda tener una cartilla de los hijos con una foto del menor de no más de seis meses de antigüedad, las huellas dactilares estampadas en un papel blanco y un cabello con raíz, por si es necesario la prueba de ADN.

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Para responder a la pregunta de dónde está parte de los desaparecidos del país y de otras naciones quizá baste mirar hacia las esquinas, campos, table dances y otro tipo de actividades que, en buena medida, son forzosas.

Yuriria Álvarez, coordinadora jurídica de Proteja, asociación que promueve reformas en los códigos estatales para sancionar la trata con penas superiores al lenocinio y el abuso sexual, expresa que en cualquier parte del País se puede hallar casos de trata porque, desafortunadamente, se ha naturalizado el fenómeno.

"Basta ir a las zonas de tolerancia del DF, en San Pablo, donde las niñas están en la calle, o en Quintana Roo, donde sabemos que hay hoteles en los que existe la trata y, cada vez que lo afirmo, los que me escuchan asienten. Todos lo saben".

Yuriria señala que la explotación laboral se puede presenciar en calles, campos y prostíbulos.

"Por mi experiencia es en las fronteras donde se agudiza el problema, ya que los extranjeros que no pueden hacer estas cosas en sus países se vienen para acá, o los que se quedan en la frontera intentando migrar tienen que hacer algo para vivir".

REFORMA ha publicado cómo desde Tlaxcala son enganchadas mujeres y niñas a las que luego se les ve de sexoservidoras en La Merced. Y como esos puntos, hay miles en México.

Organismos internacionales señalan que, por ejemplo, en Ciudad Juárez, donde los feminicidios han tenido relevancia internacional, también está presente la trata de personas.

Yuriria califica a la ciudad como lugar "de consumo" de niñas y mujeres que son captadas en Chiapas, Tlaxcala y terminan en Tijuana, Ciudad Juárez y en la capital nuevoleonesa.

"El asunto en Monterrey está muy bien manejado, pensaría en delincuencia organizada, no como en otros estados, donde el padre o la tía son los tratantes.

"Allí (en Monterrey) lo hacen muy bien", ironiza.

La periodista Lydia Cacho, quien ha dicho que prepara un libro sobre trata, va más allá.

"Mis fuentes de América Latina, tanto víctimas y sobrevivientes, como agentes consulares de países de origen de las víctimas, coinciden en que el centro de 'recepción y distribución de las mujeres es Nuevo Leon'".

Nuevo León es uno más de los estados que no contemplan en su Código Penal la trata, aun y cuando ha tenido casos: el dueño de los tables Amnesia, Colorado's y Premier, Rogelio Garza "El Diablo", acribillado el pasado 26 de junio, era investigado a nivel federal por tráfico de bailarinas.

Alicia Pérez Duarte, ex titular de la Fiscalía para Delitos de Violencia contra las Mujeres y la Trata de Personas de la PGR, dice que figuras como "El Diablo" existen porque Monterrey como ciudad pujante ha hecho atractivos sus "servicios ejecutivos".

"Lo mismo sucede en otras 'ciudades deseo', como Acapulco, Cancún, Guadalajara, donde por su pujanza hay tolerancia social a la prostitución y pornografía infantil para surtir las 'necesidades' de señores y señoras que necesitan 'relajarse'", explica.

"Hay que tener tolerancia cero, porque desde la aparición del sida la mayor parte de las víctimas son jóvenes, muchísimas menores de edad. Hay cientos de miles de menores, jóvenes, mujeres, insertos en el infierno de la trata, en salas de masaje, tables dance, como parejas de delincuentes o explotadas laboralmente o en la mendicidad".

Lo común, dice, es que a los negocios de trata estén ligadas personas de poder económico y político. Sin embargo, en los 22 meses que estuvo de funcionaria federal pudo confirmar "sus peores sospechas": la trata está visible, está allí, todo mundo la palpa y puede ser testigo de lo que sucede con niñas y niños.

"Los casos se encajonan en las oficinas burocráticas y lo peor es que la cifra negra es altísima. No podemos tener cifra oficial porque precisamente dentro de los mecanismos de persecución de delitos las cosas se traban".

Por otra parte, afirma, como la trata suele estar vinculada con la delincuencia organizada, quienes han intentado investigarla en los últimos años han sido desaparecidos o asesinados.

El más importante hasta hoy es José Nemesio Lugo Félix, quien fuera coordinador del Centro de Planeación e Información para el Combate a la Delincuencia, y que fue abatido el 14 de mayo del 2007 a las afueras de sus oficinas y a unos meses de que detuviera a los líderes visibles de una red de trata denominada "Las Divas".

Alicia Pérez Duarte recuerda esa investigación.

"En la fiscalía trabajamos con Nemesio por dos objetivos: para hacer regresar a las jóvenes (ligadas a 'Las Divas') y darles la confianza para que proporcionaran información sobre las personas que las estaban 'tratando'", dice.

"Desafortunadamente nos topamos con una problemática compleja: la justicia de este País exige que las víctimas acusen de manera directa a sus agresores, sin importar que se les ponga en un riesgo real".

Además, reconoce, no hay coordinación entre dependencias: mientras que la PGR quiere que las mujeres se queden, Migración las quiere fuera del País.

Al investigar a "Las Divas", explica, se dieron cuenta de que es una red de redes que opera en la frontera con Quintana Roo y Chiapas, y que está vinculada con centros turísticos.

Hoy el sitio se denomina Zona Divas, y presta impunemente servicios de prostitución en Cancún, Guadalajara, Puebla y "Otras Ciudades", en las que se incluye Monterrey.

"Zona Divas" no sólo opera en México, sino en Chile, Colombia, Brasil, España y Argentina, donde nació la red, la cual como muchas otras provoca el libre tránsito de mujeres que, posiblemente, están reportadas como desaparecidas en sus países de origen.


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