martes, 9 de octubre de 2007

¿Que el Cardenal Norberto Rivera solicitó mayor protección?, ¿y la protección que los niños vejados merecían?

Hace algunos días, el Clero, y un visitante del Vaticano, solicitaba públicamente, que los Clérigos, pudieran tener más libertades políticas. Así se publicaba la petición del Cardenal Norberto Rivera:

Reclama Cardenal derechos políticos
También demandó permitir la educación religiosa en escuelas públicas y que las iglesias puedan manejar medios masivos de comunicaciónLeslie Gómez
Ciudad de México (08 de julio de 2007).- El Cardenal Norberto Rivera pidió reconocer los derechos políticos de los sacerdotes para que dejen de ser "pseudo ciudadanos", también permitir la educación religiosa en escuelas públicas y que las iglesias puedan manejar medios masivos de comunicación.Se pronunció por modificar la Ley de Asociaciones Religiosas para eliminar las restricciones que se imponen a los ministros de culto en materia de opinión y participación política, en respuesta a un cuestionario de REFORMA."Con la reforma de 1992 accedimos a la libertad de cultos y al reconocimiento de las asociaciones religiosas, pero aún falta una legislación que se adecue a la Carta Magna, que brinda a todos los ciudadanos garantías que son inherentes a sus derechos humanos, entre ellas las de expresión y reunión".Aseveró que, aunque la Iglesia católica no tiene interés en participar en asociaciones políticas, sí busca reivindicar los derechos de sus ministros.El artículo 29 de la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público establece que ente las conductas sancionables de los ministros de culto se encuentran las de asociarse con fines políticos, realizar proselitismo o propaganda de cualquier tipo a favor o en contra de candidato, partido o asociación política y oponerse a las leyes del País o a sus instituciones en reuniones publicas.Al respecto, el Cardenal considera dichas restricciones inconcebibles en una sociedad democrática.José Antonio Lozano Diez, director de la Facultad de Derecho de la Universidad Panamericana y experto en temas religiosos, consideró legítimo el reclamo, pero advirtió que se debe tener cuidado de separar al ministro de culto de la institución eclesial.

http://www.reforma.com/nacional/articulo/394/787309/

Pues bien, hoy estamos ante el ruido, porque el Cardenal Norberto Rivera presentó una denuncia, que acusa de manera directa a un partido político, al cual imputa, ser el orígen de"su inseguridad", y solicita que las autoridades responsables, le brinden mayor protección.

Francamente me pregunto ¿cómo se puede solicitar una mayor libertad para cuestiones políticas?, y en contra sentido, cuándo se presentan reclamos de ciudadanos, como consecuencia natural de la indignación que causa, el saber, que un grupo de niños, fueron abusados por sacerdotes, y por esa complicidad, que hoy incentiva los reclamos.

Con independencia, que nuestra Constitución asienta, que el Estado deberá ser Laico, y recordando que el Cardenal Rivera, es un activista político desde su púlpito, y que reiteradamente violenta, los preceptos legales que dentro del artículo 29 de la ley de asociaciones religiosas y de culto público, citan claramente, que no está permitido hacer, lo que ha hecho, en temas como Sociedades en Convivencia, o la Despenalización del Aborto y con una mayor agravante como lo es, que el Colegio de Abogados Católicos, publican su domicilio que pertenece a una iglesia que es parte de la Arquidiósesis, a pesar de todo eso, yo francamente me pregunto ¿qué papel podrían hacer, si lograran tener, libertad para acceder al mundo político?, cuando en los hechos, estoy observando, que solicita un privilegio y mayor protección, que no tuvieron los niños abusados.

Es posible que alguien pueda a estar alturas ignorar ¿qué sucedió con los niños?, ¿por qué lo persigue un sector de la sociedad, para cuestionarle su falta de providad y complicidad?, y por ello, dejaré el siguiente artículo, que nos dibuja cómo se dieron las cosas, y cómo se prefirió evadir llegar a la verdad, pero sobre todo, asentar por encima de la misma Ley de DIOS, la impunidad impresentable, de algunos sacerdotes:


Ofrece testimonio sobre la protección del prelado al pederasta Marcial Maciel
El ex cura Alberto Athié declara contra el cardenal Rivera en la corte angelina
Joseph Ratzinger, cuando aún no era Papa, se negó a escucharlo y desató la persecución
Sanjuana Martínez (Especial para La Jornada)

El ex sacerdote Alberto Athié Gallo habla para La Jornada Foto: Manuel Ortiz Escamez

Comprometido durante toda su vida con los más pobres, Alberto Athié Gallo decidió dejar el sacerdocio hace cuatro años, tras comprobar directamente la protección que el cardenal Norberto Rivera Carrera brindó a Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo, acusado de abusar sexualmente de sus pequeños discípulos.
Desde entonces, el padre Athié –como algunos le siguen llamando– ha asumido su vida laical sin olvidar el dolor que le ha significado abandonar su ministerio sacerdotal, el cual ejerció durante 20 años incardinado en la arquidiócesis de México, aunque la vida le ofrece ahora una oportunidad única:
convertirse en testigo en un tribunal estadunidense contra quien lo reprimió y persiguió dentro de la Iglesia, a consecuencia de su firme defensa de una víctima de la pederastia clerical.
“Durante seis años –dice en la declaración por escrito que ha presentado a la Corte Superior de California– traté de que el cardenal Norberto Rivera Carrera y el cardenal Joseph Ratzinger, entonces prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe,
me escucharan acerca del crimen del abuso sexual y otras formas de manipulación que el padre Marcial Maciel cometió contra Juan Manuel Fernández Amenábar cuando era niño.”
Athié se refiere a una de las víctimas de Maciel. Fernández Amenábar fue ordenado sacerdote; después llegó a rector de la Universidad Anáhuac y entonces le confesó al padre Athié algo que cambiaría para siempre la vida de éste como sacerdote:
los abusos sexuales que sufrió durante años por parte del fundador de la Legión de Cristo.
“Lamentablemente dentro de la institución nunca tuve la oportunidad de ser escuchado –dice en entrevista con La Jornada– y ahora es importante expresar mi punto de vista sobre la problemática del modelo estructural de comportamiento de las autoridades eclesiásticas para encubrir pederastas, a fin de que se empiecen a generar procesos de jurisprudencia”.

La promesa

Antes de morir, Fernández Amenábar aceptó el consejo del padre Athié sobre perdonar a su agresor y buscar justicia: “José Manuel –le dijo–, esos dos valores pueden ir perfectamente juntos en la experiencia cristiana”. En sus últimas horas de vida en febrero de 1995, la víctima asumió la admonición de su guía espiritual, con una condición: “Esta bien, padre Athié, perdono, pero no me olvido de mi deseo: justicia, padre, quiero justicia”.
En aquel momento Athié Gallo comprendió que aquello implicaba la búsqueda de la verdad bajo un alto costo personal y profesional, e hizo una promesa: “Yo me comprometo, José Manuel, a buscar la justicia”. A partir de ese momento agotó todas las instancias dentro de la Iglesia, primero en México y luego en el Vaticano.


El obispo es la autoridad máxima e inmediata para un sacerdote; por tanto, Athié Gallo fue a ver a Norberto Rivera, a pesar de que éste ya había declarado a los medios de comunicación que todas las denuncias contra Marcial Maciel eran un “complot” contra la Iglesia. Athié pensaba que el purpurado estaba mal informado y quería ofrecerle un testimonio de primera mano, pero se encontró con el rechazo inmediato del cardenal, que se reafirmó en sus declaraciones públicas.
Ante el desencuentro, Athié empezó a sufrir la persecución de Norberto Rivera, quien decidió bloquear su trabajo pastoral diario. Sin embargo, no se dio por vencido y siguió acudiendo a instancias eclesiásticas, esta vez al más alto nivel: Joseph Ratzinger, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, a quien escribió una carta para contarle los abusos sexuales perpetrados por Maciel.
La respuesta de Ratzinger, según testimonio del obispo de Coatzacoalcos, Carlos Talavera, quien le entregó la misiva, fue contundente. Ratzinger decidió también proteger al agresor: “Lamentablemente el caso de Marcial Maciel no se puede abrir –le dijo luego de leer la carta de Athié– porque es una persona muy querida del papa Juan Pablo II y además ha hecho mucho bien a la Iglesia. Lo lamento, no es posible”.


El destierro

Han pasado 12 años desde aquella promesa hecha a Fernández Amenábar y Alberto Athié tiene por primera vez la oportunidad de ofrecer su testimonio ante un tribunal: “Los dos prelados (Rivera y Ratzinger) no sólo me ignoraron; concretamente el cardenal Rivera me retiró todas mis facultades de servicio que yo ofrecía al Episcopado Mexicano y me obligó a aceptar una nueva asignación que me forzaba a dejar México por Chicago durante un año sabático. Mientras estaba en Estados Unidos las noticias reportaban muchos casos de niños sujetos a abuso sexual por sacerdotes; por tanto, decidí contar a los medios todo lo que me había pasado y renuncié al sacerdocio en 2003”.

Su testimonio judicial tiene el propósito de aclarar tres áreas concretas: el significado de la palabra “chamaco”, el poder y la imagen de la Iglesia católica en México, y la procuración de justicia en este país.

Sobre el primer punto, Athié explica a las autoridades judiciales de California que la palabra “chamaco” significa “niño” y no un hombre de entre 18 y 30 años, como declaró el cardenal Norberto Rivera Carrera durante su interrogatorio, al referirse a quienes pernoctaron con el sacerdote Nicolás Aguilar Rivera en su domicilio, contiguo a la parroquia de San Gabriel en Cuacnopalan, Puebla. El reporte policial de esos hechos, ocurridos el 8 de agosto de 1986, señala que varios “chamacos” de las comunidades aledañas dormían de manera habitual con el cura.
Athié aclara: “chamaco nunca es un joven adulto entre 18 y 30 años”. Hace referencia al Diccionario de la lengua española y explica: “chamaco es una persona menor de edad”.
En entrevista añade: “Es la primera vez que escucho que un mexicano aplica la palabra ‘chamaco’ a personas de esas edades. Todos usamos esa palabra para definir a menores de edad, prácticamente estamos hablando similares, aunque no exactos. Me parece verdaderamente aberrante”.
En cuanto a la segunda cuestión abordada en la Corte Superior de California –el poder y la imagen de la Iglesia en México–, señala en el documento entregado que en este país la Iglesia es vista como una “institución poderosa” a escala cultural e institucional: “la institución eclesiástica es muy poderosa y los cardenales, obispos o sacerdotes tienen influencia en muchas decisiones económicas, políticas representativas y en los medios de comunicación: el control con respecto a las acciones en contra de ellos o de la institución”. Y como ejemplo, ofrece el tratamiento del caso Maciel por la mayoría de los medios mexicanos.


Para Athié, los casos de pederastia clerical no proceden en parte por la influencia extraordinaria de la Iglesia en las familias mexicanas.

Justicia, influencia y dinero

En el tercer aspecto indica: “La justicia en México es como un mecanismo que puede corromperse si alguien tiene influencia o dinero, y todos aquellos delincuentes que tienen influencia o dinero pueden ser protegidos”.

Añade: “La impunidad de muchos criminales es una constante en nuestra historia. La protección que las autoridades judiciales proveen a la Iglesia y sus ministros es de conocimiento común, como algo que opera casi permanentemente”.

Athié se pregunta: “¿Cuántos casos han procedido en México de todas las denuncias existentes? Primero habría que ver cuántas hay, porque muchas denuncias, supongo, han desaparecido. ¿Cuántas han procedido y cuántas han terminado en procesos judiciales y en sentencias? Debe de ser un porcentaje ridículo en función de los datos reales”.
Con base en estas estadísticas poco fiables, según Athié Gallo, la institución eclesiástica sostiene que en México no hay abusos sexuales en términos de violación: “Por eso monseñor Marcelino Hernández dice que aquí sólo hay manoseos, porque la Virgen de Guadalupe protege a los sacerdotes para que no terminen violando a los niños y solamente los toqueteen”.


La Corte Superior de California decidirá en próximos días si acepta la jurisdicción: “Ésta es una etapa histórica, porque pasamos del debate en los medios, como en el caso Maciel, cuando a pesar de toda la información el cardenal Rivera terminó riéndose, a dar un paso inédito, porque ya no estamos sólo sobre el pederasta Nicolás Aguilar, que sigue libre, sino sobre el delito del encubrimiento”.
http://www.jornada.unam.mx/2007/10/09/index.php?section=politica&article=012n1pol

Soy una convencida, de que el mayor tesoro social, que puede tener la humanidad, sin duda, son los NIÑOS, y sumo mí más ferviente deseo, para que algún día, la humanidad, y más la que está revestida de autoridad, logre garantizar, el disfrute real, de todo los artículos que conforman los DERECHOS DEL NIÑO.

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